5 años

 


Me cuesta mucho escribir y poner en palabras lo que estos 5 años han significado para mí. Hay un antes y un después de tu partida. Han pasado muchas cosas. Algunas hubieran sido difíciles de imaginar cuando todavía estabas acá.

Creé Infinito Mindfulness y alcancé a ponerlo en marcha poco antes de enfermarme. Cuando el cuerpo dejó de responder como antes, mi vida se hizo mucho más pequeña. Tuve que adaptar el proyecto a la medida de mis posibilidades y encontrar formas de sostenerlo sin sobrepasar mis propios límites. Paso la mayor parte del tiempo en casa y tengo que medir con cuidado lo que hago, porque incluso algo sencillo puede dejarme agotada durante días.

Cuando finalmente me diagnosticaron ME/CFS, muchas partes de mi vida empezaron a tener sentido. Comprendí por qué todo me había costado tanto, por qué necesitaba recuperarme después de esfuerzos que para otras personas parecían pequeños y cuánto había pagado durante años por intentar seguir adelante con un cuerpo que ya no podía.

Y pensé en vos. En tu cansancio, en esa fatiga constante que te acompañaba y que muchas veces no supimos comprender. Vos también tuviste mononucleosis en la infancia, como yo. No puedo saber ahora si sufrías algo parecido. Nunca tuvimos esa respuesta cuando estabas vivo. Pero no puedo dejar de preguntarme cuánto de lo te diagnosticaron como depresión podía ser también fatiga. Tengo serias sospechas de que tu agotamiento no era solamente falta de ánimo, desinterés o dificultad para enfrentarte a la vida.

Me duele pensar que pudiste haber estado viviendo con una enfermedad que no tenía nombre para vos, como me pasó a mí durante tantos años. Sé lo que significa querer hacer algo y no tener energía, intentar explicarlo y no encontrar las palabras, sentir que los demás esperan de uno algo que el cuerpo no puede dar. Ojalá hubiéramos sabido entonces lo que sé ahora. No sé si habría cambiado lo ocurrido.

Mientras tanto, Infinito Mindfulness fue encontrando una forma posible dentro de esta vida limitada. Lo que comparto ha llegado a personas que ni siquiera conozco personalmente. Algunas me han contado que una práctica las ayudó a detenerse en un momento difícil, a tratarse con un poco más de amabilidad o a prestar atención a aspectos de su vida que antes pasaban desapercibidos.

Me habría gustado que lo vieras. Contarte cada idea nueva y mostrarte las cosas que voy creando. Me gustaría saber qué pensarías de esta mamá que prepara prácticas de mindfulness desde una habitación y acompaña, desde allí, a personas que nunca ha visto.

Pienso mucho en vos cuando leo sus mensajes. Pienso en todo lo que aprendí después de tu muerte y en cómo una parte de ese aprendizaje ha encontrado una forma de acompañar a otras personas.

Mi práctica personal de mindfulness no ha sido una forma de escapar de todo esto. No hizo desaparecer tu ausencia ni curó mi enfermedad. Me ha ayudado a estar donde estoy, incluso cuando no me gusta este lugar. A notar la tristeza cuando llega sin convertirla necesariamente en todo lo que existe. A reconocer también una luz sobre la pared, una conversación, el movimiento de mis manos mientras creo o la alegría de recibir el mensaje de alguien que terminó uno de mis cursos.

Durante mucho tiempo pensé que sentir alegría podía significar que me alejaba de vos. Ahora sé que puedo extrañarte y reírme el mismo día. Puedo despertar con una tristeza difícil de sostener y unas horas después sentir entusiasmo por una idea. Una cosa no borra la otra. La alegría no ocupa tu lugar ni disminuye el amor que siento por vos.

Hay días en los que Infinito Mindfulness le da sentido a lo que hago y muchos otros en los que no tengo fuerzas ni para mirar el teléfono o abrir la computadora. Días en los que siento que he conseguido transformar algo de lo vivido en una forma de acompañar y días en los que sigo siendo solamente una mamá que quiere a su hijo de vuelta. Las dos cosas son verdad.

No sé qué habría sido de mí si vos siguieras vivo. Quizás este proyecto no existiría. Quizás yo sería otra persona. No puedo agradecer una pérdida que habría dado cualquier cosa por evitar. Pero puedo reconocer que, después de tu partida, fui encontrando una manera distinta de mirar, de crear y de estar con el sufrimiento, el mío y el de otras personas. Tal vez desde este lugar habría podido ofrecerte algo que entonces no podía.

Cinco años después, sigo aprendiendo que estar presente no es estar en paz todo el tiempo. Es poder reconocer este momento tal como llega: con tu ausencia, con el cuerpo enfermo, con la tristeza, con la alegría, con la gratitud y con todo el amor que todavía vive en mí.





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